30/10/08

Exposición: Bizancio, 330-1453 en Londres

"Londres acoge la primera gran muestra sobre el imperio cristiano en 50 años


El espíritu y el arte se dan la mano en Bizancio, 330-1453, un recorrido por el arte del Imperio y la primera exposición de estas características en el Reino Unido desde 1958. Reúne 340 piezas, desde iconos, murales, micro-mosaicos, marfiles, esmaltes, cerámicas y objetos diversos de oro y plata, procedentes de 85 donantes. Y probablemente la oportunidad que brinda hasta el 22 de marzo la Royal Academy de Londres (en colaboración con el Museo Benaki de Atenas) será la última: la fragilidad de muchas de las piezas hace difícil que vuelvan a viajar.

La exposición reúne 340 piezas entre iconos, murales y mosaicos.
La exposición es más un recorrido por el alma del primer imperio de la cristiandad -que se veía a sí mismo como la continuación de Roma- que una descripción de sus carnes. Aunque no faltan monedas de oro y objetos de la vida cotidiana, apenas se evocan aquí las rutas comerciales que partían desde la hermosa Constantinopla, la Nueva Roma que reconstruyó Constantino el Grande en lo que ahora es Estambul y que marcaba el inicio, o el final, de la ruta de la seda. No es éste tampoco el lugar para estudiar las conquistas militares de Justiniano, que expulsó a los vándalos de la antigua provincia romana de África, conquistó Córcega, Cerdeña y Baleares, ocupó Dalmacia y anexionó de nuevo Roma e Italia para el Imperio.

Es más bien una invitación a refutar, quizá, los prejuicios de historiadores europeos del siglo XIX que definieron Bizancio como "la forma cultural más baja y abyecta que haya asumido la civilización hasta ahora". A juicio de la profesora Maria Vassilaki, de la Universidad Thessaly de Volos (Grecia) y comisaria de la exposición junto a Robin Cormack, del Instituto Courtauld de Londres, "la gente debería ver esta muestra porque tienen que conocer un imperio importante y el arte creado durante 11 siglos". "Vale la pena ver de qué manera un imperio que era muy religioso permitió la producción de arte de altura. Necesitamos ver eso, saber eso, porque el Imperio Bizantino no es demasiado conocido y el público puede admirar piezas de primera calidad de todo el mundo".

Quienes se acercan a la Royal Academy deberán antes prepararse para el viaje. Los que sufran de vista cansada no deberían en modo alguno dejarse en casa las gafas de leer. Aunque no faltan piezas de cierta medida, la inmensa mayoría de los objetos exhibidos son de pequeño tamaño y el arte bizantino destaca sobre todo por sus minúsculos detalles. La luz es otro problema. La exposición está sumida en tinieblas, para proteger la fragilidad de las obras.

Las explicaciones sobre las piezas son tan microscópicas como muchas de ellas y la guía audio a disposición del público apenas cubre la décima parte de la muestra. Vale la pena dedicar antes todo el tiempo que haga falta a bucear en el denso catálogo de la exposición, en el que el lector encontrará no sólo una introducción a la historia y el arte del Imperio Bizantino, sino las detalladas explicaciones pieza a pieza que tanto se echan en falta en las galerías de la Royal Academy.

Entre las piezas que no hay que perderse bajo ningún concepto, la profesora Vassilaki cita la galería llamada En la corte, donde se expone el arte producido para el emperador. Son piezas que se encontraban en el palacio imperial saqueado por los cruzados cuando tomaron Constantinopla a principios del siglo XIII, y que combinan el arte religioso y el arte secular de la época. En la primera categoría encaja el icono del arcángel Miguel, "que representa al arcángel dando la bienvenida al paraíso, un icono de salvación que probablemente tuvo una influencia enorme en el arte de la época porque es el primero hecho en oro y cristal en tres dimensiones", según el profesor Cormack.



Foto e noticia completa en El País.

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